Desafío tercera edad: Cómo lograr una mente activa (2° Parte)

Después de una primera entrega que tuvo excelente repercusión en este Sitio y en las redes de Eirene, la autora Rebeca CotMilich nos comparte una nueva entrega de cómo tener una mente activa en la tercera edad (o para llegar a esa etapa de la mejor manera).

adultos-mayores

Por Lic. Rebeca CotMilich

En la edición anterior estuvimos viendo algunos conceptos sobre el envejecimiento y sobre el cerebro, que nos ayudan a comprender un poco mejor los cambios que se producen en la tercera edad y la posibilidad de realizar acciones que nos permitan transitarlos de la mejor manera posible. Hablamos de que estas acciones que podemos efectuar por nuestra propia cuenta tienen que ver con un concepto relativamente reciente, que es el de PLASTICIDAD CEREBRAL. Por esta capacidad del cerebro es que el ejercicio mental que hagamos potenciará nuestro funcionamiento cognitivo y permitirá mitigar la disminución en el potencial del cerebro que ocurre como producto del envejecimiento normal.

En esta ocasión vamos a conocer brevemente cuáles son los cambios que estadísticamente se presentan con mayor frecuencia en los adultos mayores. Demás está decir que no se presentan todos de igual manera dependiendo de  cada persona por las variaciones individuales evidentes como el nivel de escolaridad, el tipo de crianza, el uso del tiempo libre, el tipo de trabajos realizados a lo largo de la vida, etc.

Uno de los cambios más evidentes y por los que se presentan las mayores consultas, es la memoria. Esta función cognitiva muchas veces se ve como una entidad unificada, pero dista mucho de presentarse así. La memoria se divide en distintas áreas y tiene diferentes aplicaciones.

En la tercera edad, las distintas memorias disminuyen de distinta manera. Por ejemplo, la memoria procedimental (que es la referida a habilidades motoras para ejecutar una tarea) prácticamente no presenta disminución. Esta es la memoria que utilizamos para recordar cómo andar en bici, cómo manejar, cómo jugar a algún deporte, cómo tomar la lapicera y escribir, cómo cebar un mate, etc. Asimismo la memoria inmediata (aquella que nos permite recordar información que necesitamos en el transcurso de unos pocos minutos o segundos) presenta poca disminución. Las mayores dificultades se encuentran a la hora de adquirir nuevos conocimientos (amnesia anterógrada) y conservarlos por largo tiempo.

También comienzan a aparecer dificultades con la atención y concentración. En ocasiones alguien está participando de una conversación y, al finalizar, no puede recordar algo de lo que hablaron. La tendencia en estos casos es a pensar que se trata de un problema con la memoria, sin embargo, es un problema que tiene que ver principalmente con la atención: con la capacidad de focalizarnos en el asunto en cuestión. Si se hizo un esfuerzo consciente por registrar la información y luego no se la recordó, tiene que ver con la memoria. Pero si tal esfuerzo no existió, sino que simplemente se intentó traer al presente algo que había acontecido y no se logró, tiene que ver más bien con la capacidad de atención. Por momentos las personas mayores pueden encontrarse con episodios regulares de estas dificultades para “recordar” algo que aconteció recientemente, pero es sencillamente porque no se le puso suficiente atención.

Luego también encontraremos dificultades en otras funciones: por ejemplo el razonamiento, que se volverá hacia cosas más concretas en lugar de abstractas o el lenguaje que disminuirá en su fluidez tanto fonológica como semántica (es decir la capacidad de poder mencionar muchas palabras de una misma categoría).

Sin embargo, todas estas funciones pueden ser ejercitadas de cualquier manera que se las ponga en funcionamiento y se las desafíe. Si a la hora de hacer una compra en el almacén intento recordar los 4 ó 5 elementos que voy a comprar en lugar de anotarlos, voy a estar activando, desafiando y ejercitando mi memoria inmediata.

Si procuro fomentar mis hábitos de lectura orientándolos hacia distintos tipos de libros o de divulgación científica, voy a estar potenciando funciones relacionadas al lenguaje y al razonamiento. También jugando juegos mentales como el sudoku, tutti-fruti, crucigramas, sopas de letras, adivinanzas, encontrar las diferencias en dos figuras aparentemente iguales, etc, voy a estar trabajando muchas de las funciones anteriormente mencionadas (y otras más!). Puedo activar también mi memoria a largo plazo desafiándome a rememorar eventos pasados o armando el árbol genealógico de mi familia lo más extenso posible. Puedo tomar un álbum de fotos del pasado y procurar  recordar los nombres de los rostros que allí veo. Todas estas pueden ser estrategias de entrenamiento que implemente en la vida diaria y que devuelvan resultados asombrosos con el correr del tiempo y la perseverancia en su ejecución.

Es de mucha utilidad también la asistencia a talleres de memoria, aprendizaje de algún idioma, aprendizaje de algún instrumento, participación en actividades sociales (en este sentido las iglesias cumplen un rol FUNDAMENTAL en el acompañamiento social, espiritual y emocional que necesita nuestro cerebro para ser estimulado), aprendizaje de algún oficio o tarea manual, etc etc. Cada una de estas actividades tiene el efecto positivo para nuestra salud de estimularla mente. Y son un excelente complemento al esfuerzo diario que podemos hacer en nuestros hogares para contrarrestar las dificultades en las funciones cognitivas que aparecen como parte del ciclo vital. Es un desafío diario pero que si se desarrolla de manera constante y planificada ¡otorga innumerables y evidentes beneficios a nuestra salud!  (Continuará…)

La Autora: Rebeca CotMilich es Licenciada en Psicología y Neuropsicología- MP: 11484

autora

La próxima semana una nueva entrega de la serie. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *