After 2018: Un encuentro donde prevalecieron la reflexión y el intercambio de ideas y recursos

En el espacio de encuentro, denominado After Session, el sábado 9 de junio en la sede nacional de Eirene, Eduardo Tatángelo nos guió en la reflexión sobre el sentido de la vida para nosotros y para nuestro trabajo con otros, desde la perspectiva bíblica, a través de fragmentos de películas, textos, anécdotas, frases profundas y chistes.

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Comenzamos reflexionando sobre el sin sentido. Como en nuestra vida el sin sentido nos amenaza a todos, en cualquier momento, nos cuestiona y a veces hace que nuestras elecciones y realidades no tengan sentido. La vida es fugaz, inaprensible, se nos escapa. La presencia del sufrimiento, las pérdidas, la enfermedad, nuestras disminuciones, la soledad, la dificultad para comunicar, la muerte, nos hablan del sin sentido.

Resaltó también que el sin sentido es un tema bíblico, que vivimos en una tensión permanente entre el llamado y el hambre de trascendencia (por haber sido creados a imagen y semejanza de Dios) y la limitada condición humana (por ser débiles y efímeros como la hierba).

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Consideramos también las características y manifestaciones de fragmentación de la sociedad y el tiempo actual que hacen que el sin sentido sea cada vez más complejo.

Luego, Eduardo nos llevó a enfocarnos en pensar qué es y cómo se logra el sentido de la vida.

El sentido es necesariamente una construcción, una elaboración, un descubrimiento personal, que cada uno hace a través del tiempo. No es enseñable a otro. No se encuentra afuera. Y se trata de llegar a ser quien uno es. La Palabra de Dios nos aporta sobre cómo construir ese sentido. Pero a partir de la verdad de fe, cada uno tiene la tarea de encontrar su vivencia personal dentro de ese marco.

El despertar que significa la espiritualidad y la aceptación de nuestra realidad humana son condiciones para construir el sentido. Cambiar la manera de pensar a la perspectiva de la fe en nuestro Dios amoroso. Ser conscientes, no vivir dormidos, aceptando que el sufrimiento, nuestras limitaciones y la impotencia ante no poder cambiar el afuera nos llevan a ser transformados a imagen de Jesús, nos lleva a madurar.

Reflexionando en la Palabra de Dios destacó las siguientes habilidades de los constructores de sentido: La capacidad de cambiar el modo de pensar, de interpretar, la metanoia, para transformar nuestro modo de vivir.

La capacidad de perdonar y perdonarnos. Aun el perdonar a Dios cuando nos frustramos o enojamos con Él porque no vemos la vida como Él y sufrimos ante nuestras expectativas no alcanzadas, lo no comprensible, el dolor.

La capacidad para resignificar lo cotidiano. Disfrutar el presente en los procesos. Atrapar y disfrutar la vida en el temor de Dios, que es bondadoso y que puso muchísimas razones de felicidad en el mundo.

La creatividad y capacidad de reinventarse porque la vida nos desafía permanentemente. La capacidad de abrirnos a la trascendencia: cuanto más trascendentes sean nuestras elecciones ylo que nos ocupa, más cerca estaremos del sentido.

Concluyó sobre cómo podemos ayudar: Ayudando a desprender lo mal aprendido, a admitir errores, para aprender lo que nos hace bien a nosotros y a nuestro contexto. Celebrando lo humano.

Que la fe atraviese, renueve, transforme y esté integrada a toda la vida. Y, por último, que la fe sea una realidad de la cual lo litúrgico sea una expresión, no algo teórico y vacío de sentido.

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